Comunicarse, estar en relación, compartir. Nada en el mundo nos parece más importante, más esencial para nuestra existencia. Es una de nuestras aspiraciones más vitales, más profundas, la de sentirnos unidos, pertenecer a un grupo, a una comunidad de lengua y al mismo tiempo el ser reconocidos, identificados.
Pero en ninguna parte aprendemos a comunicarnos. Ni en la familia ni mucho menos en la escuela.
El sistema escolar funda su comunicación en una dinámica específica que es la de: “a la pregunta, la respuesta”. El niño no puede dar su propia respuesta, solo la respuesta del libro o la esperada por el profesor serán aceptadas. Durante unos 15 a 20 años, la mayor parte de nosotros está condicionado a producir respuestas, a ir en el sentido de lo que otros esperan de nosotros.
Es así que nos volvemos minusválidos, enfermos en nuestras relaciones con los demás.
Una vez que tomamos conciencia de nuestras lagunas nos toma mucho tiempo el re-aprender, re-inventar los medios específicos para sentirnos mejor, el mejor compartir con los demás y el mejor entenderlos.
Traducción de las primeras frases del libro “Si me escuchara me entendería” de Jacques Salomé y Sylvie Galland (Si je m’ecoutais ... je m’entendrais)
Eso se encuentra acá en el cuento Titicaco Rey del Mar y en la misma Misión Titicaco y sus nobles propósitos, una sencilla autenticidad que no ha sido aprendida en ningún libro.
Carlos Luksic Nava
|